Hace unas pocas semanas una amiga me habló de Rachel Carson, a propósito de un libro con el que arranca el artículo que hoy reseño. Me sorprendió, Rachel Carson es una vieja conocida de los años en los que, desde la adolescencia y del asombro que pude sembrar en la infancia, comencé a tomar partido por algo tan incipiente en aquellos años del último cuarto del siglo XX como el conocimiento, la protección y la defensa de la naturaleza, por todo aquello que dio lugar al nacimiento de importantes organizaciones ecologistas y sociedades científicas.
Esa capacidad innata de la infancia se puede dar en cualquier lugar y momento, solo necesita de no ser constreñida ni en el plano y pobre mundo de las pantallas ni ante fenómenos meteorológicos "adversos", como reiteradamente nos machan desde los informativos de tv.
¡Qué mejor momento que salir al campo y ser sorprendidos bajo una tormenta!, la crianza en la adversidad de la naturaleza no puede más que multiplicar la experiencia humana de la infancia.
Conocía su libro "Primavera silenciosa", pero no "El sentido del asombro"1, libro que unos días después de la conversación me presentó físicamente.
De todo aquello fueron derivando las acciones en defensa del medio ambiente general a través de lo que incipientemente se empezó a conocer en España como Educación Ambiental. Algo que no era nuevo en otros lugares como en USA, donde el Sierra Club2, fundado en 1892 fue una referencia importante y ejemplar.
Por cierto, en el artículo señala que Rachel Carson explicó en su libro "La primavera silenciosa"3 que “Para mantener vivo en un niño su innato sentido del asombro, se necesita la compañía de al menos un adulto con quien poder compartirlo, redescubriendo con él la alegría, la expectación y el misterio del mundo en que vivimos”; no es así, esa cita pertenece a "El sentido del asombro".
Y ahora, una "anecdota" con la IA:
[Primer Resumen del artículo con IA, supervisado por persona]:
"El artículo explora el asombro como una emoción poderosa y transformadora que la costumbre y el ritmo acelerado de la vida moderna nos van arrebatando. Apoyándose en investigaciones del psicólogo Dacher Keltner (Universidad de Berkeley) y la psicóloga Eftychia Stamkou (Universidad de Ámsterdam), el texto muestra que quienes experimentan asombro se vuelven más generosos, empáticos y cooperativos, porque esa emoción nos libera de la visión egocéntrica y nos recuerda que formamos parte de algo más grande que nuestras preocupaciones inmediatas. El neurólogo David Bueno advierte que la sobreestimulación digital satura este sistema emocional y nos insensibiliza, lo que tiene consecuencias no solo individuales sino sociales. La buena noticia, concluye el artículo, es que el asombro puede recuperarse a cualquier edad: basta con exponerse a contextos nuevos y, sobre todo, cambiar la manera en que miramos lo cotidiano, imitando esa curiosidad exploradora que los niños ejercen de forma natural."
El anterior texto, tras ser supervisado me lleva a cuestionar su contenido y a notificarlo a la IA utilizada (Claude, de Anthropic) con la siguiente interacción:
No he leído en el artículo original que "El neurólogo David Bueno advierte que la sobreestimulación digital satura este sistema emocional y nos insensibiliza, lo que tiene consecuencias no solo individuales sino sociales". ¿Es una invención o lo has obtenido de otra fuente ajena al artículo?
Me responden los algoritmos de Claude:
"Verificó fuentes y reconoció imprecisiones en la síntesis anterior
Tienes razón en cuestionarlo. No es una invención, pero sí una síntesis imprecisa que mezcla y distorsiona el texto original de dos formas:
- 1.
"Sobreestimulación digital": el artículo habla de sobreestimulación en general ("mundo acelerado, sobreestimulado", "consumimos más información de la que podemos procesar"), pero en ningún momento dice explícitamente "digital". Añadí esa palabra sin base.
- 2.
"Consecuencias no solo individuales sino sociales": esa reflexión sociológica la hace el propio narrador del artículo ("Es inevitable hacer una lectura sociológica de este entumecimiento colectivo"), no David Bueno. Al atribuírsela a él, lo hice incorrectamente.
- 3.
Bonus: también lo llamé "neurólogo" cuando el artículo lo describe como "biólogo genetista especializado en neurología del desarrollo", que es distinto.
Disculpa las inexactitudes. Si quieres, rehago el párrafo con mayor fidelidad al texto original."
Y aquí el nuevo texto, rehecho con máxima fidelidad al artículo4 reseñado:
[Segundo resumen con IA, supervisado por persona]:
"El artículo explora el asombro como una emoción poderosa que la costumbre y el ritmo acelerado de la vida moderna van erosionando: la familiaridad hace que normalicemos lo extraordinario y se nos acabe la capacidad de sorprendernos. Apoyándose en investigaciones del psicólogo Dacher Keltner (Universidad de Berkeley) y la psicóloga Eftychia Stamkou (Universidad de Ámsterdam), el texto muestra que quienes experimentan asombro se vuelven más generosos y cooperativos, porque esa emoción nos impulsa a actualizar nuestra visión del mundo y nos libera de la visión egocéntrica, recordándonos que formamos parte de algo más grande que nuestras preocupaciones inmediatas. El biólogo genetista David Bueno5 advierte, por su parte, que vivir en un mundo sobreestimulado satura el sistema del asombro y lleva al cerebro a desconectarse. El artículo concluye con una nota esperanzadora: el asombro puede recuperarse en la vida adulta exponiéndose a situaciones nuevas y, sobre todo, cambiando la actitud con la que miramos lo cotidiano, porque —como reflexiona Stamkou— el asombro no depende solo de qué miramos, sino de cómo miramos."
Y ya, por fín, tras corregir inexactitudes humanas y algorítmicas, el artículo reseñado:
[Alpañés, E]. (2026, 23 de abril). ¡Wow! Así es como el superpoder del asombro actualiza nuestra visión del mundo «y nos libera de la visión egocéntrica». El País
Otros recursos:
Lear, L. (1996). The life and legacy of Rachel Carson. RachelCarson.org.
Sierra Club. (s.f.). Sierra Club