Desde Amnistía Internacional, y especialmente desde que el año pasado publicaron las Guías para una relación sana con las redes sociales1 dentro de su Red educativa por los Derechos Humanos2 con material didáctico para profesorado y alumnado, ha hecho más accesible y explícito su trabajo por los derechos humanos en relación a los problemas cuyo origen está en el ámbito tecnológico y sus derivadas de violación de los derechos humanos.

Afortunadamente ya es muy evidente en esta nueva y fácilmente accesible sección dedicada a la tecnología digital que, como bien señalan, es una nueva amenaza para los derechos humanos:

Tecnología
Nuestra misión es responder a las nuevas amenazas para los derechos humanos en la era digital y contribuir a definir y proteger los derechos de cara al futuro.
https://www.amnesty.org/es/what-we-do/technology/

Un ejemplo lo podéis leer en esta noticia:

Cómo las propuestas de la UE para “simplificar” las leyes tecnológicas recortarán nuestros derechos para alimentar la inteligencia artificial Cómo las propuestas de la UE para “simplificar” las leyes tecnológicas recortarán nuestros derechos.
Cómo las propuestas de la UE para “simplificar” las leyes tecnológicas recortarán nuestros derechos online para alimentar la IA.
https://www.amnesty.org/es/latest/news/2026/04/eu-simplification-laws/

Puede ser una introducción para que en próximas publicaciones comience una serie de reseñas relativas al posicionamiento de la UE respecto a la disrupción política que esta suponiendo la enorme presión que ejercen los lobies tecnológicos para que nuestra legislación no sea garantista con los derechos digitales y sí más flexible con los intereses corporativos de las tecnológicas.

Europa se mueve entre la necesaria mayor autonomía e independencia digital (además de la movilización y promoción de su industria tecnológica), lo que comunmente se denomína soberanía digital3, la presión económica del gobierno de EE.UU. junto con sus amigos y financiadores GAFAM4 y también el empuje tecnológico de la industria China que, con su falta de límites no repara en ocupar todo el espacio que puede, aunque por su cultura, de una manera más silenciosa y menos violenta que la otra potencia a la que acabará superando.